Un pleito sobre maltrato del siglo XVIII

     N.G.M. -Artículo académico.

       Localización del pleito

       El archivo de la Real Chancillería de Valladolid recoge en su serie de Causas Secretas pleitos sobre “malos tratamientos”. Entre todos ellos destaca uno del siglo XVIII en el que una mujer denuncia, directamente, a su marido. En otras ocasiones la denuncia era de oficio.

      En el propio pleito se aclara que por ser mujer no podía otorgar poder a su procurador sin licencia. Por eso se solicita una licencia judicial que se le concede. Además, la mujer es representada ante el tribunal de la Chancillería como pobre de solemnidad.

      La denuncia.

       El procurador de la denunciante se presenta ante la Sala del Crimen de la Real Audiencia y dice que su representada había contraído matrimonio hacía 13 años, y que a pesar de ser una mujer honrada recibía golpes y desprecios:

       “…deseando mi parte mantener la mejor paz, unión y buena correspondencia, cumpliendo a este fin con los encargos de su sexo, en el gobierno, cuidado y vexilanzia de las cosas de la casa y bibiendo siempre con la mayor honestidad, de forma que andava solicitando los más cumplidos gustos de su marido y aumentos de su casa. Aquel, olbidado de todo esto, y de las obligaciones de su estado y su matrimonio, a brebes meses de casados comenzó a tratar a mi parte con muchos y repetidos desprezios, golpes y amenazas, en tanto grado que en muchas ocasiones la negó el preziso alimento…”

     Después de todo esto, el procurador asegura que su representada fue abandonada por su marido. Para comprobar todos sus alegatos ofrece la declaración de varios testigos. El abandono de una mujer casada en el siglo XVIII suponía que la condena al hambre y la miseria, ya que la mujer dependía económicamente del marido. Por eso, teniendo en cuenta el contexto de la época, se puede entender que el procurador de la denunciante solicitara que se condenara al supuesto maltratador a hacer vida maridable con la denunciante, eso sí, con buen tratamiento.

      Declaración de testigos.

      El 23 de agosto de 1731 la Chancillería admite la querella y se ordena que declaren los testigos. Entre los testigos  se encuentra una mujer que tuvo al matrimonio en su casa. Asegura que en algunas ocasiones oyó a la denunciante decir: “ay que me mata este pícaro” y le intentó ayudar pero no pudo porque estaba la puerta cerrada. Declara que la trataba mal y se iba con otras mujeres. Cuenta que hacía dos años que se habían ido a vivir a otra casa donde también le dio malos tratos y le echó de la vivienda.

      Otra mujer que vivía al lado de la pareja declara:

      “Una ocasión que dicho … estava golpeándola, aviéndolo oydo algunas personas de la calle le llamaron y le dijeron así: ‘¡… que es eso!’, y respondió: ‘es mi muger y por serlo la estoi dando quites’, para cuias quimeras y malos tratamientos no le daba motibo”.

      En las declaraciones de testigos se habla de unas hijas que tuvo el hombre antes de casarse con la denunciante. Se asegura que las hijas también la maltrataban e instigaban a su padre en contra de su mujer.

       La sentencia.

      El 3 de septiembre de 1751 se pide que comparezca el denunciado. El 4 de septiembre compareció y dijo que se ofrecía a juntarse de nuevo con su mujer, pero aseguró que hasta el 8 de octubre no podía hacerlo por estar en otras ocupaciones. Además se compromete a conservar la mayor paz y unión y separarse de sus hijas y dejarlas con un abuelo.

       El 2 de octubre el matrimonio compareció ante el juez y se les ordenó que vivieran juntos, se perdonaran y no hubiera malos tratamientos. El juez señala que no volviera a haber malos tratos “especialmente” de la parte del marido. Aunque parezca que al final la sentencia va dirigida a los dos y que, encima, se condena a la denunciante a vivir con el maltratador, el juez con esa palabra “especialmente” señala que los malos tratos venían del marido. Además, se le condena a pagar todas las costas del proceso.

       Como conclusión se puede decir que el pleito debe ser contextualizado en su momento, en la sociedad del siglo XVIII. Por otro lado, es significativo que en el Alto Tribunal de Castilla, la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid ya clasificara este tipo de pleitos como de “malos tratamientos”. También llama la atención que en este caso sea la mujer la que denuncia directamente a su marido. Por último la sentencia también es una muestra de la dependencia absoluta de una mujer casada que, a pesar de los malos tratos, estaban condenadas a hacer “vida maridable” para sobrevivir.

ARCHIVO DE LA REAL CHANCILLERÍA DE VALLADOLID. CAUSAS SECRETAS. CAJA 0007.0011.

Published in: on 8 febrero 2009 at 21:24  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Estupendo el artículo. Tod@s sabemos que la violencia contra las mujeres hunde sus raíces en los orígenes del patriarcado, pero su visibilización a lo largo de la historia resulta muy complicada. Espero que sigas desenredando la madeja con más hallazgos y si te sirve de algo puedes contextualizar el artículo con la “HISTORIA DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES: MISOGINIA Y CONFLICTO MATRIMONIAL EN ESPAÑA” de ANTONIO GIL AMBRONA.


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