Mujeres sin nombre

Parada de autobús de Fuente Dorada. /N.G.M.

Parada de autobús de Fuente Dorada. /N.G.M.

      
      N.G.M. -Reportaje.

       Hace mucho frío. Ángeles se levanta a las ocho para ir clase, pero la temperatura le queda casi paralizada. Hoy es 25 de noviembre, día Internacional de lucha contra la Violencia de Género, pero para Ángeles y para la mayoría de la gente es un día más. Siempre ha sido una mujer comprometida, luchadora. Nadie le enseñó los valores de la igualdad pero los siente dentro y se indigna cada vez que alguien los pisotea o hace un comentario sexista. Ella sola con la experiencia de su vida aprendió, a veces con ira incontrolada,  que sigue habiendo machismo a cada paso que da y seguirá dando.

      Ese día Valladolid se ve inmersa en la rutina de todos los días. Las calles llenas de gente, a pesar del frío. Los coches invaden la ciudad y los autobuses se abarrotan por el clima. Ángeles desarrolla su propia rutina: Ir a clase, hacer la comida y trabajar por la tarde. Hacía días que le había comentado a una amiga que le avisara de todos los acontecimientos culturales de la ciudad. De repente le llega un mensaje. Hoy en Valladolid tendrá lugar una manifestación en contra de la violencia machista. Varios carteles lo anunciaban. El mensaje es de su amiga que le invita a la manifestación. Ángeles hubiera preferido un plan en un local cerrado y con calefacción, pero accede a ir.

      Son las ocho de la tarde, la hora de la concentración y en la Plaza de Fuente Dorada no se ve a nadie. En la parada del autobús se observan unos carteles pegados. En ellos se pueden leer los nombres de las mujeres asesinadas. Algunas ni siquiera tienen nombre: “mujer de Barcelona” o “mujer de 39 años”

Parada de autobúes de Fuente Dorada. /N.G.M.

Parada de autobúes de Fuente Dorada. /N.G.M.

 años”. Las dos amigas pasan con el coche. Valladolid con el frío y la lluvia se colapsa y no tienen donde aparcar. Deciden bajar al parking de la Plaza Mayor. Cuando salen del coche hace mucho frío, se congelan las manos, bromean: “el día contra la violencia podía ser el 25 de agosto, hasta en esto estamos discriminadas”.

      A las ocho y media no se ve a nadie, pero hay coches de policía. Las calles están cortadas y las dos amigas se acuerdan de aquella canción de Escape que decía así: “vaya decepción a la manifestación solamente han ido los antidisturbios”. Hace gracia verles allí, deberían estar en la manifestación. Ellos son los que velan por la seguridad de esas mujeres maltratadas. Ángeles y su amiga se acercan a Fuente Dorada, siguen sin ver a nadie. Pero hay un escenario montado, algo tiene que haber habido. De repente se oyen unas voces a lo lejos. Alguien grita: “vosotros machistas, sois los terroristas”.

      Una pequeña manifestación se acerca. La amiga de Ángeles tiene que escribir una noticia para un blog de una asignatura. La mayoría de los manifestantes llevan carteles con nombres de las mujeres maltratadas. Ángeles anima a su amiga a sacar el móvil y hacer unas fotos, no se atreve. Finalmente hace unas cuantas fotos. Los gritos de los manifestantes, la mayoría mujeres, les emocionan. La pequeña manifestación les emociona. Los nombres de las mujeres desaparecidas también les emocionan. Ambas se sienten culpables porque de no haber sido por el trabajo de clase tampoco  hubieran estado allí. También les hubieran olvidado. Miran las pancartas, las caras de los manifestantes, los carteles de mujeres sin nombre. Entonces deciden que son las peores periodistas del mundo porque en lugar de hacer fotos y tomar apuntes, lo único que les apetece es ponerse a gritar las consignas que están oyendo.

       La manifestación se detiene en Fuente Dorada. Varias mujeres se suben al escenario. Este año han decidido leer un decálogo de puntos en contra de la violencia. Gritan no a la discriminación, no a los roles sexistas, no al silencio y no al recorte de ayudas a las víctimas.

      Al decálogo le sigue un aplauso. Ángeles y su amiga se emocionan otra vez. La manifestación termina con un agradecimiento a una bombonería cercana que les ha cedido la electricidad. Un nuevo aplauso, el frío se intensifica, Ángeles y su amiga se van. Ya tienen la noticia.

Published in: on 1 diciembre 2008 at 0:22  Comments (2)  
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2 comentariosDeja un comentario

  1. Lo único que siento es que se hagan este tipo de actos. Espero que algún día no sean necesarios, que carteles como ese de Fuente Dorada se peguen, pero en blanco. Espero también que “que no haya noticias de asesinatos” sea un notición, y el último. Por todo lo demás, ánimo.

  2. Las cifras año tras año son espeluznantes. ¿Qué podemos hacer nosotras más allá de denunciarlo? Yo solo encuentro la solución en el lado masculino. Ellos deben dar el paso al frente. Hasta que en nuestras relaciones de pareja no veamos que nos tratan como a su igual; que tienen claro que nos hemos elegido mutuamente para un proyecto común -donde se conjugue el verbo “compartir” y no el de “ayudar”-; que más que nada somos sus compañeras de vida, etc.; el día que esto suceda será el principio del fin de esta violencia machista. Claro que hay hombres que están de acuerdo con esto, por supuesto, pero desgraciadamente son un “rara avis”. Son muchos siglos de predominio masculino fuera del ámbito doméstico, el único que nos estaba permitido -y que a ellos les convenía, para qué nos vamos a engañar-, los que hay que neutralizar.

    Fantástico el blog. Ya sabes que me encanta.

    Un beso, Cristina.


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