Estereotipos de género hasta en el W.C.

Puerta del W.C. masculino de un bar. /N.G.M.
Puerta del W.C. femenino de un bar. /N.G.M.

          

 

 

         

 

 

 

     Noe//Opinión.

     

Noe//Opinión

Noe//Opinión

Según la RAE estereotipo es una imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. En este caso al añadir el género, se entiende que son las características asumidas sobre hombres y mujeres en una determinada sociedad.

       En un bar de Valladolid para diferenciar el baño de mujeres del de hombres han colocado unos muñequitos muy simpáticos que quedan bastante bien como decoración. Para las mujeres una niña con un bebé, y para los hombres un niño con un balón.  Cabe preguntarse si estamos ante el fiel retrato de la realidad en que vivimos o es simplemente un estereotipo totalmente superado hoy. Ellas hacen de mamás y ellos juegan al balón.  Ellas cuidan de los niños y ellos disfrutan del tiempo de ocio.

       El problema de los estereotipos es la perpetuidad, el hecho de que se sigan asimilando a uno u otro género comportamientos que quizá ya no existen y que se siguen viendo en la publicidad, en los juegos, en la familia y hasta en el W.C. Pero más grave que la perpetuidad es que las actitudes masculinas y femeninas, aceptadas como estereotipos, se midan con distinto rasero.

      Es una realidad que los estereotipos masculinos están más valorados que los femeninos. Ver o jugar al fútbol, que es un comportamiento mayoritariamente masculino, es sagrado, está por encima de todo y nadie lo cuestiona. Incluso, si alguna mujer practica o le interesa el fútbol no se valora igual. Ir de compras, práctica asumida como femenina y que también es un deporte, es para muchos una banalidad y un aburrimiento.

      Las de nuestra generación, las mujeres entre los veinte y treinta años, aún seguimos cantando con resignanción la misma canción que ya cantaron nuestras madres y abuelas: “los domingos por el fútbol me abandonas”. Lo que pasa que ahora son también los sábados, los martes e incluso algún miércoles, si hay Liga de campeones. Seguramente nosotras les abandonemos a ellos por otras cien razones, igual de cuestionables que el deporte, pero nuestras excusas no son tan valiosas como las suyas.

      A parte de la eterna pelea, que puede tomarse con más o menos sentido del humor, existen otras cuestiones más serias en referencia a los comportamientos masculinos y femeninos. Hablamos de las generaciones pasadas en las que ellas cuidaban de la familia y ellos se iban a trabajar. De nuevo nos encontramos con la baja valoración de la mujer.

      La labor de la mujeres, que se quedaron en sus casas y conseguieron hacer malabarismos con sueldos miserables para poder poner un menú distinto cada día y vestir a sus hijos con un traje distinto, quizá no cada día, pero si cada domingo, quedará en papel mojado. Mejor dicho, no quedará en ningún papel. Sin embargo, el otro trabajo, el del hombre, el de fuera de casa le permitirá, merecidamente, vivir tranquilamente los últimos años de su vida sin trabajar. Es incuestionable el enorme valor del trabajo productivo, el del hombre. Pero, de igual valor es el reproductivo, el de la mujer, dentro del cual entra el cuidado de los hijos y de la casa, que le pemitía al hombre tener todo hecho para poder salir a trabajar.

      El primer paso en cuanto a los estereotipos de género es conferirles dignidad. Tan digno es ver una telenovela como ir al fútbol. Tan digno es ver a Ana Rosa Quintana por la mañana mientras cocinas como escuchar la radio por la noche. Tan digno y valioso es el trabajo de fuera de casa como el de dentro de ella.

      El siguiente paso sería tratar de evitar en los medios, en la escuela o en la familia la perpetuidad de los estereotipos. Quizá algún día dejemos de asimilar unos comportamientos con un sexo u otro y, tal vez, lleguemos a encontrarnos para distinguir los W.C. una niña con un balón y un niño con un bebé o viceversa, sin sorprendernos. Esperemos que ese día no nos confundamos de baño.

Published in: on 17 noviembre 2008 at 20:13  Comments (4)  

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4 comentariosDeja un comentario

  1. Bueno Noe, que sepas que me ha encantado el blog que da gusto como escribes y sabes que te lo digo totalmente en serio, bueno sobre esto que has escrito de la igualdad de hombres y mujers y de que los hombres nos abandonan por el futbol, siento decirte que no es mi caso ajajaj ya sabes yo voy al futbol con él y me encanta. Quiero decir que porque el futbol solo tiene que ser de hombres?? No no, a mi me encanta y disfruto viendolo y seguir a mi equipo, me encanta comertarlo con la gente y con los chicos y en este mundo tan machista a muchas mujeres nos GUSTA EL FUTBOL. JAJAJAJ Asique vamos todas a los campos y a no callarnos y a gritar como la que mas no???

    Un besazo muy gordo para mi Noe.

    Aupa Atleti !!!

  2. Ya sabes que yo soy más de fútbol que de Ana Rosa, así que conmigo lo de los estereotipos no va. Pero estoy totalmente de acuerdo en que es igualmente válido el trabajo dentro de casa como que el trabajo que se hace fuera. Y las mujeres, trabajamos dentro y fuera de casa. Muchos hombres no pueden decir lo mismo… Y a ver si viene ahora alguno a rebatirme este argumento, creamos un poquito de polémica y tienes más visitas y comentarios, jejeje.

  3. He leído tu artículo incluso hasta tres veces –sí, soy un poco pesada a veces- y me gustaría decirte que planteas cuestiones muy interesantes, no en vano la diferencia de género es uno de los grandes temas de la humanidad, pero que a mí juicio desarrollas poco. Me gusta como escribes pero echo en falta mayor reflexión. Aunque quizá pido demasiado para poco espacio.
    Me gustaría que respondieras a tu propia pregunta ¿esta imagen de los muñequitos es el retrato de nuestra sociedad actual o, por el contrario, está ya superado? También quiero mojarme yo y no dejarte toda responsabilidad. Pienso que ese fue el retrato real de la sociedad pasada no hace mucho, tan poco que la conocieron nuestros padres e incluso hermanos mayores, pero que empieza a alejarse, gracias a Dios y a la evolución de la sociedad cada vez más cambiante. Sería sano dejar atrás esta visión anquilosada y pesimista de nosotros mismos.
    Sólo un apunte más. Ciertamente años atrás eran más válidas e incluso legítimas las actitudes de los hombres pero la poca valoración de la mujer por la sociedad e incluso por ellas mismas posibilitaba este hecho. La mujer esperaba en casa, que era su puesto, el regreso de su marido del fútbol. Hoy, no tenemos porqué esperar, al menos no más que ellos a que volvamos de tomar algo con amigos, de nadar de la piscina, de comprarnos ese pantalón que un día vimos… Podemos ambos validar nuestras propias actitudes pero para poder necesitamos querer.

  4. Hola Leticia, Arancha, Carolina y a todos los que me habéis comentado en persona lo radical que resulta mi artículo sobre los estereotipos.
    La verdad es que tenía que haber puesto una interrogación cuando decía lo de:
    “Ellas cuidan de los niños y ellos disfrutan del tiempo de ocio”.
    Fue un despiste. Con esa frase quería preguntarme si se trata de una realidad o un simple estereotipo. Porque, es cierto, que estos comportamientos están superados ya.
    Tampoco quería que se eligiera una posición. O eres de fútbol o eres de Ana Rosa. Quería darle el mismo valor a ambas cosas.
    En cuanto a la actualidad, es verdad que el papel de la mujer en casa con los niños no se corresponde con nuestra generación. Pero nuestras madres y abuelas siguen viviendo aún. Y lo que quería denunciar es su situación. Si una mujer dedicada a su casa se queda viuda, lo único que le queda es una mísera pensión. Nadie reconoce ese papel de la mujer. Estas mujeres, que viven en nuestro mundo, tienen una dependencia económica total del hombre. Porque ellas por su trabajo nunca cotizaron y no tienen derecho a nada. Existe una cosa llamada “pensión no contributiva”, pero solo se recibe en casos de necesidad y no supera los 300 euros mensuales.
    Esto es lo que quería denunciar porque vivo rodeada de mujeres casadas, solteras o viudas que trabajaron tanto como los hombres y nadie lo sabrá nunca, porque no figura en ningún papel. Más que recordarles como víctimas para mí era una manera de hacerles un pequeño homenaje.
    N.G.M.


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