Cuando éramos señoritas.

 
N.G.M. -Opinión

 

En nuestros días estamos asistiendo, y muchos sufriendo, un choque brutal de la evolución. La mayoría de las mujeres hemos evolucionado y llegado a un estado en el que hemos dejado de comportarnos como mujeres para vivir simplemente como personas. Pero ese mismo mundo estamos obligadas a compartirle con otras personas que siguen viviendo en otra época, la época en la que, para muchos, aún éramos señoritas. El distinto nivel de evolución produce ese choque que en ocasiones llega a ser una explosión y que afecta tanto a la vida personal como pública. Un choque que se encuentra en el origen de muchos de nuestros problemas actuales y que puede terminar siendo realmente grave.

       Cuando éramos señoritas, las mujeres éramos educadas para casarnos. Sabíamos coser, planchar, cocinar y manteníamos tradiciones de generación en generación. Además de las cosas materiales también éramos educadas para sufrir.

      Cuando éramos señoritas lo aprendíamos todo, y todo giraba en torno a ellos, por eso, el amor también se aprendía. Y entre bordados y guisos también aprendías a amar a la persona que te eligiera para ser su esposa.

      Cuándo éramos señoritas tu sitio estaba en casa, cuidando de tu marido y de tus hijos. La vida pública estaba reservada para el hombre. Sin embargo, aunque no esté registrado en ningún sitio muchas de aquellas señoritas salieron a la calle y fueron las que sacaron adelante sus casas y pagaron los vicios que a ellas no les estaban permitido tener.

      Cuándo éramos señoritas teníamos un dueño, primero nuestro padre para luego pasar a pertenecer a nuestro marido. Porque la monogamia la inventaron las señoritas, el vínculo de pareja fue una idea femenina, por tanto éramos las únicas obligadas a cumplirlo. Además, una señorita nunca debía practicar artes amatorias reservadas para otro tipo de mujeres. Por eso el sexo fuerte, que por su naturaleza “humana” tenían necesidad de ellas, debían acudir a otros vicios. El sexo débil que viene de marte u otro planeta y que como hemos dicho inventó la monogamia, tampoco necesita de esos vicios de la carne, que en este caso sin practicarlos si que resultaban perjudiciales para nuestra salud. Y entre todas las virtudes las señoritas también aprendimos la de la ceguera.

      Otra característica fundamental de aquellas mujeres era el silencio porque como decía un escritor, de esos que convivió con verdaderas señoritas “es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras” y bastante esclavas éramos ya. Por eso no solo nos hicimos reinas del silencio, sino también maestras. Maestras en el arte de llorar en silencio sin esperar que nadie nos consolara. Además, las señoritas siempre decían la frase correcta y nunca una señorita diría un taco, escupiría, entraría en un bar o se rascaría en público y demás costumbres que, afortunadamente, si que hemos sabido conservar entre nuestras tradiciones.

      Las de nuestra generación, las que ya no somos señoritas perdimos las buenas costumbres. Nosotras y solo nosotras seremos las culpables de que ya no haya encaje de bolillos, manteles bordados, bizcochos caseros y pantalones con jaretones. De que ya no se puedan tener los hijos que mande la naturaleza sino los que te permita la hipoteca. Y de que en estos momentos nos encontremos en una encrucijada, la encrucijada de la igualdad, a la que nos está costando adaptarnos a todo.

       La pregunta que se plantea es en qué momento las mujeres dejamos de ser un dechado de virtudes para convertirnos en seres humanos sin más. Quizá ese momento se sitúe en el día en que ambos sexos se dieron cuenta de que se necesitaban. Que un mundo solo de hombres iba a resultar bastante aburrido para ambos. Y decidieron que lo que nos hacía falta era simplemente un poco de normalidad.

      Normal que una mujer hable, trabaje, estudie y llore. Normal que entremos en los bares, que llevemos pantalones y que pensemos en nosotras. Normal que en las relaciones de pareja las actitudes de ambos se midan por el mismo rasero y que el respeto y compromiso sea una cuestión de dos. Normal llegar a acuerdos y no a sacrificios y que el matrimonio sea un estado, pero no el estado ideal y la mayor meta a la que puede aspirar una mujer.

      Es una simple cuestión de evolución. Y en este proceso de aprendizaje el mundo se desmorona: suben los precios, crece el desempleo, cada vez hay más divorcios y menos bodas, baja la natalidad, sube el euribor hay crisis económicas, quiebran empresas, aumentan los suicidios…vamos…que la hemos liado parda con eso de la igualdad.

      En definitiva lo que es normalidad se plantea como un problema, por lo que resulta necesario y una cuestión de estado que todos aprendamos a adaptarnos. La mujer del siglo XXI sigue viviendo en un mundo de hombres y lo acepta. Pero es inaceptable seguir chocando contra un muro, el muro de los que siguen viviendo en otra época y no solo no quieren sino que no dejan evolucionar. No se trata de que nadie nos regale nada ni de que hagamos pagar a los de nuestra generación tantos años de discriminación. De lo que se trata es de devolvernos la ventaja y de asumir que ya nunca más volveremos a ser señoritas, pero que esperamos que en nuestro mundo aún sigan quedando caballeros. 

                                                                                                       

Published in: on 25 octubre 2008 at 20:53  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Marinoe!
    Tú misma lo dices: ES UNA SIMPLE CUESTION DE EVOLUCION. En los últimos 40 años, la mujer ha realizado una evolución personal para nada comparable a la que ha experimentado el hombre.
    Ante este desajuste el hombre ha respondido con miedo. Un miedo que se expresa mediante la violencia, la critica, la exclusión o el desprecio en otra muchas ocasiones.
    Esperemos que en los próximos 40 años, la distancia que nos separa se haga cada vez más y más corta; sólo así ambas partes saldrán beneficiadas y enriquecidas.
    Los polos opuestos se atraen, el yin y el yang se complementan, hombre y mujer pueden y deben entenderse….. Un beso cariño!


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